
Siempre que pasaba por aquella calle me llamaba la atención que la puerta de una casa todos los dias tenía una flor en su primer peldaño. Nunca supe en que momento del día la dejaban, nunca ví a la persona que la dejaba, si era hombre o mujer, o la razón de aquella ofrenda, pero la flor roja estaba siempre ahí, intacta, orgullosa, con una luz propia y dichosa, a pesar de la lluvia y el frío del invierno.
Fueron meses de mil peguntas y conjeturas a cerca de ese curioso hecho, hasta que una mañana de diciembre una mujer de cuerpo enjuto que solo podía ver de espalda. Se inclinó frente a aquella puerta y dejó en ella la famosa flor roja, para luego continuar su camino.
La seguí. Tenía tantas preguntas por hacerle, quería ver su rostro, su mirada... despues de caminar varias cuadras, la alcancé, y lleno de emoción le tomé el brazo y balbucié: ¿ porqué dejas fielmente cada día una flor en aquella puerta, de una manera casi imperceptible?
Ella, se volteó lentamente haciendo un suave movimiento con su cabello. Hizo una pausa. Con sus ojos mojados y sus labios rígidos me contestó: ¿estás seguro que no lo sabes? En esa puerta terminaste con todas mis ilusiones, con tu desprecio y tu rechazo. Por eso cada mañana dejo una flor como símbolo de la muerte de mis sueños, como quien recuerda a los seres queridos que han partido, y que jamás volverán...
No hay vuelta atrás...


3 comentarios:
Sin duda una forma poética de expresar el dolor del duelo.
Shanty
...uffff el dolor... se puede reflejar de difernetes maneras....
Wow..inesperado tanto como gratificante la historia...pero no ensuciare tu dolor con mis palabras vanas..solo te dire suerte y saludos
Por cierto no te preocupes por no entender lo que escribo creo que nadie lo hace jejeje bye
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